Carta del Director
A riesgo de simplificar, puede afirmarse que dos grandes temas están presentes en la mayoría de análisis sobre la energía: la competitividad y la disminución de emisiones de CO2. Los Gobiernos, las empresas y otras instituciones han asumido estos dos objetivos y buscan compaginarlos con la necesidad de mantener y mejorar la continuidad en los suministros de energía.
En nuestro caso, además, estos tres elementos – competitividad, disminución de emisiones y seguridad de suministro- han de compatibilizarse con la crisis económica, que a su vez tiene efectos no deseables sobre la demanda de energía, el crecimiento y el empleo. La fijación de los objetivos comunitarios, se han traducido en la simplificación habitual del 20/20/20, en el año 2020; es decir disminución del 20% de emisiones de CO2, 20% de renovables en energía final y 20% de mejora en eficiencia energética.
Tras el fuerte crecimiento económico en la mayor parte de los años de la pasada década y el consiguiente aumento de la demanda de energía, (sea eléctrica, de gas o de productos petrolíferos), hemos asistido a un fuerte proceso inversor en infraestructuras energéticas y en instalaciones de generación, (fundamentalmente de gas y de renovables). Nos encontramos ante un escenario de exceso de capacidad, de fuertes inversiones, que hay que recuperar, y en el que el cumplimiento de los objetivos citados nos lleva a inversiones en renovables, en redes eléctricas, y a un mayor uso del gas natural. Este es, en nuestro caso, el previsible escenario para los próximos años. Así pues, gas, redes y renovables deberían concentrar nuestra atención y nuestros esfuerzos si deseamos conocer mejor el mundo energético de los próximos años. Si añadimos el contexto de una economía que necesita crecer, y competir, necesariamente deberíamos conocer, estudiar y analizar la relación entre energía y competitividad, y es aquí donde deberíamos analizar los costes de la energía para la industria, la formación de precios de las diferentes energías y la eficiencia energética. ¿Cómo afrontar de la mejor forma posible el conocimiento de las materias anteriores?. Podemos examinarlos desde el punto de vista técnico, es decir de la tecnología y de la configuración física de las instalaciones energéticas, pero siendo esto necesario no sería suficiente para conocer y comprender bien el mundo energético. Necesitamos abordar los aspectos normativos o regulatorios, que tanto peso tienen en la realidad de las empresas y en la configuración de las políticas energéticas; y finalmente, no menos importante y ahora más que nunca, debemos examinar y estudiar la economía de la energía. Seguro que hay más aspectos, cualquier materia compleja los tiene, y quizás más en el “poliédrico” mundo de la energía pero, de nuevo, si centramos nuestros esfuerzos en esos tres ejes – tecnología, regulación y economía, muy probablemente entenderemos mejor el mundo energético. Esta es pues la temática y el enfoque del programa, del curso que el lector tiene en sus manos o ve en su pantalla. En la Cátedra de energía lo hemos diseñado con la ilusión de que responda a unas necesidades formativas y de conocimiento que parecen percibirse en estos momentos, los órganos de gobierno de Orkestra y de la Cátedra así lo han entendido. Confiamos en que los profesionales y estudiosos de la energía, en las empresas, en el entorno económico, en los centros de investigación y en las instituciones académicas, también lo vean así y consideren que este curso una buena inversión en conocimiento y en formación, para los profesionales, para las empresas y para las instituciones.